

Mi Acción Social es, para Xavier y para mí, la obra más importante de nuestra vida, mucho
más que la administración de lotería. Nuestros amigos clientes gastan dinero en comprar
décimos o sellar boletos con la ilusión de que les toque, la misma esperanza que
albergamos nosotros por ellos. Nos debemos a esa ilusión, y tenemos que compartirla con
aquellos que tienen más necesidad de ella.
Xavier y yo queríamos reinvertir nuestros beneficios en algún colectivo que necesitara
nuestro apoyo, y vimos que los niños y jóvenes con Síndrome de Down eran muchos,
y tanto ellos como sus familias necesitan una mano para alcanzar la igualdad de
oportunidades con respecto al resto de la sociedad. Así lo hicimos, y hoy podemos decir,
convencidos, que muchos niños y niñas son un poco más felices gracias a nuestro granito
de arena.